Furia épica y León Rugiente: la muerte de Khamenei y el fin de la invulnerabilidad iraní

02/Mar/2026

Enlace Judío México- por Ruben Kaplan

 

Ante los acontecimientos que se viven en Medio Oriente, el Comité Central Israelita del Uruguay anhela que se alcance la convivencia pacífica entre todos los países de la región y del mundo.

 

La operación militar conjunta lanzada por Estados Unidos e Israel —denominada FURIA ÉPICA por Washington y LEÓN RUGIENTE por Jerusalén— marcó un punto de inflexión histórico en Medio Oriente. La eliminación del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Khamenei, junto a altos mandos de la Guardia Revolucionaria Islámica, constituye el golpe más severo sufrido por la República Islámica desde su creación en 1979.

 

 

No se trató de un ataque simbólico sino de una acción destinada a decapitar simultáneamente el poder político, religioso y militar del régimen. Entre los objetivos alcanzados se encontraba la cúpula de la Guardia Revolucionaria, columna vertebral del expansionismo iraní y responsable de la articulación regional de milicias y organizaciones armadas aliadas.

 

La magnitud de la ofensiva revela además la supremacía aérea alcanzada por Estados Unidos e Israel. Informes militares indican que ya se han empleado más de 1.200 bombas y municiones guiadas contra instalaciones estratégicas iraníes, neutralizando defensas y permitiendo libertad operativa sobre un territorio considerado hasta ahora inexpugnable.

 

Khamenei, conspicuo negador del Holocausto y figura central del régimen durante más de tres décadas, fue señalado por investigaciones judiciales argentinas como uno de los responsables intelectuales del atentado contra la AMIA y del ataque contra la embajada de Israel en Buenos Aires. Su muerte posee, por ello, una dimensión que excede el escenario regional.

 

La respuesta iraní no se hizo esperar. Misiles y drones fueron lanzados no solo contra Israel sino también contra países árabes que albergan bases estadounidenses, aislando aún más a los persas. Un reciente ataque iraní provocó al menos ocho muertos y más de veinte heridos en la ciudad de Beit Shemesh, que se suman a dos  mujeres fallecidas anteriormente.

 

La cifra  lamentablemente podría incrementarse mientras continúan las tareas de rescate.  Hay que resaltar que Arabia Saudita, se muestra ávida de integrarse en una coalición regional contra Teherán. Otros Estados del Golfo activaron sus sistemas de defensa ante ataques dirigidos contra instalaciones estratégicas y posiciones militares vinculadas a fuerzas norteamericanas.

 

Frente a esa escalada, Washington anunció que garantizará la rápida liberación del Estrecho de Ormuz bloqueado por naves iraníes, advirtiendo que no permitirá interrupciones en la principal ruta energética del mundo. Tanto Estados Unidos como Israel dejaron en claro que el reemplazo del régimen iraní constituye un objetivo declarado de la ofensiva, al considerar que la estabilidad regional resulta incompatible con la continuidad del actual sistema teocrático.

 

Quizá el dato más revelador provenga del interior de Irán. Mientras el aparato estatal organizaba ceremonias de duelo oficial, millares de iraníes —especialmente mujeres— celebraron en las calles la muerte del líder teocrático. Las imágenes reflejan una sociedad profundamente fracturada entre la imposición clerical y una población que desde hace años desafía al poder religioso.

 

La duración del conflicto constituye ahora la principal incógnita estratégica. Algunos análisis militares estiman que la fase aérea decisiva podría extenderse durante varias semanas y derivar posteriormente en meses de inestabilidad interna mientras se redefine el poder en Teherán. Otros especialistas sostienen, sin embargo, que la guerra podría no prolongarse excesivamente debido al carácter quirúrgico de los ataques y a la eliminación temprana de la cúpula dirigente iraní.

 

La caída de Khamenei no representa únicamente la eliminación de un dirigente. Señala el colapso de la premisa de invulnerabilidad y poderío que sostuvo al régimen durante más de cuatro décadas y abre una etapa de incertidumbre cuyo desenlace redefinirá el equilibrio estratégico de Medio Oriente.

 

Lo que resulta indiscutible es que la confrontación ha dejado de ser meramente militar: ha adquirido una dimensión política estructural.